Amanda Paltrinieri es una periodista baquiana, como a ella le gusta definirse. Esto quiere decir que se formó en la cocina de las redacciones, cabalgando sobre máquinas de escribir y respirando olor a tinta.

Comenzó en Diario Popular y La Razón, y fue editora de revista Nueva durante doce años, hasta 2002. Ahora integra el universo de los  laburantes independientes.

Tucumanos versus santiagueños, mendocinos versus sanjuaninos, chaqueños versus correntinos. Las rivalidades son clásicas, pero ceden cuando se plantea la dicotomía de oro: todos contra los porteños, algo que puede comprobar cualquier ciudadano de Buenos Aires que viaja unos cientos de kilómetros tierra adentro.

¿O deberíamos decir porteños contra todos porque los conflictos de identidad suelen partir de que nosotros (los porteños) tenemos la posta o el summun de las cualidades, enfrentados a unos otros de los que mejor no hablar, mire, vea.? Las certezas comienzan a caer cuando, pese a tanta paja en ojo ajeno, la viga del nuestro termina por hacerse inocultable.

En su trabajo Plaza Grande y Plaza chica: Etnicidad y poder en la Quebrada de Humahuaca (en Cultura e identidad en el Noroeste argentino. CEAL, Buenos Aires, 1994), Gabriela Karasik señala que esa oposición ante Buenos Aires como un enemigo común responde al discurso de las oligarquías norteñas. Pero ¿es tan así? O, mejor dicho, ¿es exclusivamente así? A los "nosotros" porteños, ¿qué parte nos toca en este juego de exclusión?

Hay muy buenos y sesudos trabajos sobre el tema. Este no es el caso: se trata de la simple narración de un aprendizaje realizado durante doce años de trabajo en una revista dominical de varios diarios provinciales (cuya Redacción -¡oh, paradoja!- funcionaba en la ciudad de Buenos Aires) y de la observación de los llamados diarios nacionales. O sea, la comprobación de que, sí, hicimos bastante para merecer esto.


24 de marzo de 2004

Antes, un pequeño ejercicio: pocos dudan, aun quienes plantearon la manifestación en horas de la tarde en Plaza de Mayo como muestra de disconformidad con la ceremonia oficial, acerca de la importancia del acto del 24 de marzo ante la ESMA. Por su valor simbólico, por la carga emocional compartida, por la reinvindicación de la memoria, por su contenido como hecho político...

La pregunta es: sin dejar de reconocer que ambos actos fueron principalísimos, ¿alguien sabe qué ocurrió en otras ciudades del país? ¿Que en Catamarca se hizo la conmemoración ante una casa de Gobierno cuyas puertas estaban cerradas? ¿O que en La Rioja ( la tierra de Menem ) el gobierno pretendió organizar un acto a la misma hora que el de las Madres riojanas, pero que debió suspenderlo ante el repudio que generó la idea? ¿O que en Tucumán (¡Tucumán, nada menos!) este 24 se hizo el primer reconocimiento oficial para con los desaparecidos? ¿O que las cinco mil personas que marcharon en Neuquén -en ejercicio de activísima memoria- hicieron una pausa en la plazoleta dedicada al conscripto Omar Carrasco, como para recordar que bajo gobiernos democráticos el Estado continuó cometiendo crímenes? ¿O que hubo varios actos en Jujuy, en cuyo Parque de la Memoria recordaron a los desaparecidos de esa provincia?

Es muy simple: si algo no ocurre en Buenos Aires, no existe; si no se dice desde Buenos Aires, no tiene entidad.


Mil distintos tonos de verde

La revista en cuestión se llamaba Nueva (se llama, pero la actual pertenece a otra empresa editora) y fue creada en 1991. En su mejor momento –a tres o cuatro años de su aparición- su tirada superaba los setecientos mil ejemplares por semana: en ese entonces, la segunda dominical del país, lo que no es moco de pavo.

Si un periodista o colaborador de Nueva viajaba a Mendoza, Tucumán, Neuquén o a cualquier punto de medio país, era recibido con los brazos abiertos porque los lectores estaban orgullosos de su revista. Eso sí, cuando acá (acá es la ciudad de Buenos Aires), alguien decía: "Trabajo en revista Nueva", nueve de cada diez respuestas consistían en dos preguntas: "¿Una revista Nueva? ¿Cómo se llama?". Y no sólo gente de otra profesión, sino periodistas, que se supone estamos informados...

Para ser sincera, eso no siempre fue así, costó un par de años lograr ese sentimiento de pertenencia en los lectores. Los primeros tiempos -pese a la bienvenida que tiene cualquier publicación que llega con un diario por el mismo precio-, la sensación era de que se les imponía otro producto porteño. Otra vez sopa.

Los lectores tenían razón. Solemos creer que las cosas pasan en Buenos Aires y ellos están podridos de que los ninguneemos, porque en las provincias hay movidas, y muchas (y no sólo ¡faaaa, la movida rosarina! o alguna otra rareza, sino infinidad en cualquier ámbito, pero que no tienen la ayuda de algún contacto en Buenos Aires).

También están podridos del pintoresquismo, de que las provincias sean los paisajes de Catamarca con infinitos tonos de verde; de que la nota de color sea el artesano que vive en el encantador enclave que parece detenido en la historia o los chicos que recorren kilómetros para llegar a la escuela. O, en contrapartida, de nuestra sorpresa porque los primeros movimientos piqueteros hayan surgido en Cutral-Co o en Mosconi, cuando esas localidades llevaban años destrozadas sin que lo hubiésemos advertido.

Porque de lo que –en definitiva- están repodridos esos otros es de cómo cabalgamos entre la prepotencia y el paternalismo, de la manera en que nos adueñamos de la identidad nacional (si es que hay una sola) y convertimos en argentino lo que simplemente es porteño.


¿Qué Capital? ¿Resistencia?

Contaba que costó un par de años lograr que los lectores sintieran la revista como algo propio. Llevamos tan incorporada la mirada desde arriba, la centralidad porteña que sin darnos cuenta pregonamos a cada rato nuestra porteñidad: "En el barrio de Belgrano..." ¿Cuál, el de Córdoba? ¿Cuántas ciudades tienen un barrio de Belgrano? "En Capital...", "En el interior del país..." ¿Qué Capital? ¿Qué interior? Todas las provincias tienen una capital y su interior (y las propias tensiones entre una y otro).

En Nueva tuvimos forzosamente que hacer ese aprendizaje, pero los medios considerados nacionales ni eso. Clarín y La Nación, que comparten la propiedad de La Voz del Interior (Córdoba) y Los Andes (Mendoza), reproducen con más frecuencia información generada en las otras redacciones, pero hasta por ahí nomás... Basta ver cualquier tapa o comparar la proporción de noticias porteñas o del Gran Buenos Aires en relación con las provenientes del resto del país (que, al fin y al cabo, engloba a más de la mitad de sus habitantes). La proporción se comprende porque venden principalmente en Buenos Aires y Gran Buenos Aires, pero ¿por qué esa pretensión de nacionales por el solo hecho de ser porteños?

El aprendizaje también involucró otros aspectos. La mirada sobre nuestra Historia, por ejemplo. Si por acá pensamos en un cobarde, ¿qué nombre viene primero a la cabeza? El del Marqués de Sobremonte, quien huyó para poner el tesoro a buen recaudo. Si invertimos la idea y le preguntamos a un cordobés quién fue Sobremonte, probablemente dirá que fue uno de los mejores gobernadores-intendentes que tuvo la región y que cuando viajó a Córdoba, con la idea de poner a recaudo el tesoro y regresar a Buenos Aires con más milicias, fue abandonado en el camino por las tropas que lo seguían (y dejaron el tesoro tirado) y si llegó a Córdoba fue sólo gracias a la compañía de unos pocos cordobeses que le fueron fieles.

O preguntemos a un norteño qué sabe de Juan José Castelli y su Ejército Auxiliador del Norte. Es probable que la respuesta gire alrededor de matanzas y vandalismo.

La Junta Grande, triunfo de la rama conservadora para la visión porteña (lo que es cierto, sin duda), significaba la incorporación de representantes de las provincias en un gobierno hasta el momento exclusivamente porteño (los integrantes de la Primera Junta nacidos en otras regiones se habían aporteñado). Y mejor no hablar del usufructo de la Aduana y de las prerrogativas del puerto de Buenos Aires...


A bajarse del caballo

Por seguir con el ejemplo dado por Karasik, ella hablaba del discurso oligárquico que, en el Norte, oponía u opone a jujeños pacíficos y porteños soberbios. A fin de cuentas, esa oligarquía venía de sufrir un buen susto con la rebelión de Túpac Amaru y los Catari... Pero no nos vayamos a creer en el cuentito de que ése fue uno de los antecedentes de la Revolución de Mayo : la rebelión (cuya historieta termina para nosotros con el descuartizamiento de Amaru) duró varios años y sus coletazos se hicieron sentir hasta en Mendoza, pero para los porteños fue cosa de indios y no mucho más, tan entusiamados que estaban con las ideas que venían de Europa.

Quiero decir: lo que plantea Karasik es real, es así, lo que no impide reconocer qué parte nos toca a los porteños en el asunto. Las sociedades tradicionales de la mayor parte del país son conservadoras; muchas tienen una doble moral que no parece haber cambiado en décadas. Pero... ¿y los porteños no? ¿Qué significado tienen las multitudes que hace poco casi pedían la pena de muerte y que todavía hacen circular el peligroso petitorio de la cruzada por Axel?*

Buenos Aires es hermosa. Tiene la fascinación, las posibilidades de las grandes ciudades y -pese a tanta diatriba- ese aire europeo que la hace única ¿Qué decir? Es ciudad amada y detestada a la vez. Pero no vendría mal que los que vivimos acá nos corramos del monopolio del pensamiento, que dejemos de asumir los términos argentino y porteño como sinónimos y que, así como nos jactamos de nuestro cosmopolitismo producto de haber venido de los barcos, reconozcamos que nuestra identidad es sólo una más de las que conforman el país. Simplemente eso: que nos bajemos del caballo. Con el tiempo podríamos hacernos merecedores de otra cosa que una mueca de desprecio.

Podemos pensar que es un malentendido histórico, producto de la dicotomía Buenos Aires-provincias. Y, sí, básicamente la cosa empezó hace más de dos siglos, cuando una ciudad y puerto de contrabandistas fue erigida en Capital del Virreinato para facilitar el tráfico de riquezas hacia España. Siguió con una revolución impuesta, por loables que hayan sido sus fines -los loables, claro, que también hubo de los otros-, a sangre y fuego (pregunten a cualquier norteño qué imagen tiene del benemérito Juan José Castelli y de su Ejército Auxiliador). Después, el monopolio aduanero... ¿seguimos enumerando?


*Axel Blumberg fue un joven secuestrado y asesinado recientemente en la Provincia de Buenos Aires por una banda que tenía nexos con las policías Bonaerense y Federal y los negocios sucios del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires