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Postal
de desocupado absorto ante la vajilla sin lavar
A
las compañeras de Barrio El Tambo, La Matanza.
Ayer
cortaron la luz
y la garrafa
aguantó hasta este último mate cocido.
La radio cada vez transmite
los partidos con menos entusiasmo.
Pero entre pilas y un cigarro
me inclino por este amigo,
aunque no alcance a llenar tanto vacío.
Lo que dolió primero
fue la falta de papel glacé y barullo.
Lo de la patrona vino luego...
Yo creí que me aguantaba,
pero no hay caso.
Al principio
intenté regar las plantas.
Las turras no me dan pelota.
Ya se apiolaron de todo y no quieren
quedar al margen de la tristeza.
La camisa que me prestó el compadre esta chivada
y para pedirle otra no tengo cara.
La parva de ropa usada se recaga de la risa
y yo
creo que no la toco por no despertar recuerdos.
Ahora esto,
la pila de la vajilla que también se burla
entre costras de salsa vieja y yema de huevo seca...
Cómo será volver a dormir con ella sin
dar el brazo a torcer,
sin ser el hazmerreír de sus amigos nuevos.
Tal vez tenia razón
y no tiene sentido seguir aquí
abrazando tanta nada.
Quizás seguir sus pasos no sea rebajarse
ni enfrentar el "qué dirán"
de todo el barrio.
Probablemente sea la única que queda
para no seguir cayendo más abajo que el suelo.
Me voy a tirar el lance de hablarle,
quién sabe...
Acaso tenga suerte.
Ella dijo que hasta mañana
me espera en el piquete.
(4/8/01)
Postal
de taxista eludiendo a la hija que lo espera
Por
aquí cortamos camino, diga,
y no me dé manija con la situación...
¿No ve que apago la radio para vivir más
contento?
Si no quién le aguanta, diga,
a esta edad y sentado
dieciocho horas seguidas...
Con lo que cuenta la gente basta y sobra.
Esta semana
-sin verso-
no estoy haciendo ni quince pesos...
Todo el mundo amarroca
lo poco que le queda.
Y lo que es peor
es que uno tiene compromisos,
y la patrona acompaña
pero los pibes no entienden.
Mire esta, acá, en la foto:
ocho años y se da cuenta...
La llevo a mano porque no puedo verla.
No, no, no malinterprete.
Vive con nosotros pero el otro día me habló.
Dijo "Papito, la seño nos pidió
un libro.
Muchos chicos ya lo tienen.
Comprámelo cuando puedas.
Si falta mucho no importa".
Cuesta diecisiete pesos, diga,
y ¿quiere que le sea sincero?:
Yo
últimamente
no llego.
Desde esa charla no la veo...
Trato de llegar cuando duerme y
de levantarme el primero.
No sé si voy a aguantar mucho tiempo.
Dice la madre que ayer
se durmió esperando sobre la mesa.
A veces me afeito rápido
porque siento que se despierta.
Usted me tomará por loco
pero no puedo mirar a esa nena...
¿Es acá, diga?
¡Mierda!
Con la conversa no puse el reloj...
Y bueno, diga,
deme lo que quiera.
(4/8/01)
Nota: Adelanto del poemario "ÍTHACA.
Lírica de emergencia" -de próxima
aparición-, editado a beneficio del Movimiento
Nacional de Fábricas Recuperadas.
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